jueves, 19 de julio de 2012

Los crímenes en Siria son también responsabilidad de Rusia y China.


De nuevo el veto ruso y chino ha impedido la adopción de una resolución por la que se pretendía imponer sanciones contra el régimen sirio por parte del Consejo de Seguridad. Aplazada la deliberación en el Consejo debido al desconcierto desatado tras el atentado de ayer, Annan y Ban Ki Moon habían expresado sus esperanzas de que hoy se pudiera alcanzar un acuerdo en el órgano que tiene la responsabilidad primordial en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. Una vez más en el día de hoy lo único que se ha conseguido es constatar de nuevo el fracaso de la diplomacia y la inadmisible actitud de rusos y chinos. 

Ya hace tiempo que se espera del Consejo la adopción de sanciones y eventualmente una autorización para un uso moderado de la fuerza que habría servido para imponer un bloqueo aéreo y abrir corredores humanitarios. Las esperanzas se han visto una y otra vez defraudadas. En este caso, se trataba únicamente de imponer sanciones que no implicaban el uso de la fuerza y ni aún así se ha conseguido vencer la criminal reticencia de chinos y rusos.

La responsabilidad directa por las masacres y asesinatos recae sobre el régimen asesino y sus secuaces. También se podría llegar a establecer una responsabilidad de los rebeldes si se llega a probar que han cometido crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad. Que el régimen los ha cometido está a estas alturas fuera de toda duda. Pero además hay una responsabilidad de estos dos miembros permanentes del Consejo, como mínimo por omisión, ya que han impedido la adopción de cualquier medida contra el régimen de El Asad. La dura realidad, sin embargo, es que la comunidad internacional carece de mecanismos para exigir y hacer efectiva esta responsabilidad. Una hipotética demanda de un futuro gobierno sirio contra Rusia y China ante el Tribunal Internacional de Justicia por omisión del deber de impedir la comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, sería  imposible de articular en la práctica porque ni Rusia, ni China, ni Siria han aceptado la jurisdicción del Tribunal. 

Esta deficiencia es un drama añadido al de cada una de las víctimas sirias (17.000!). Un drama fundamental que desgraciadamente anuncia que crímenes como los que se están cometiendo en Siria se volverán a cometer en el futuro, en otras tierras. Quizás sea el momento de invocar el espíritu de la Resolución Unión para la paz (Resolución AG 377(V)) y llevar el asunto a la Asamblea General de Naciones Unidas.


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