martes, 28 de febrero de 2012

El Futuro Incierto de la Organización Mundial del Comercio







La prolongada agonía de la Ronda Doha ha ido debilitando a la Organización Mundial del Comercio. Corren malos tiempos para el multilateralismo, también en lo que se refiere al comercio internacional. La Ronda Doha parecía una inteligente maniobra para conferir legitimidad a una Organización que había sido señalada por los movimientos antiglobalización como la encarnación del neoliberalismo. Las imágenes de los incidentes en Seattle donde se celebraba la cumbre ministerial de la OMC, en 1999, recorrieron el mundo. Para evitar nuevos sustos, la siguiente cumbre tuvo lugar en un barco y en un lugar de mucho más difícil acceso, Qatar. De ese aislamiento salío la Declaración de Doha, que daba el pistoletazo de salida a una nueva ronda de negociaciones multilaterales con el objetivo de vincular definitivamente las futuras liberalizaciones comerciales con el desarrollo económico para dar una respuesta a las necesidades de los países en vías de desarrollo y al mismo tiempo neutralizar críticas y ganar legitimidad. En ese contexto también se tomaron decisiones que parecían introducir matices en el discurso neoliberal dominante en aras de la consecución de objetivos de interés general, que en este caso tenían que ver con la protección de la salud pública. Hubo dos decisiones, la primera, adoptada en 2001 en la propia Declaración de Doha,  permitía la fabricación de genéricos para luchar contra pandemias como el SIDA o la tuberculosis y la segunda, adoptada en 2003, autorizaba a países con industria farmacéutica para que produjeran genéricos con objeto de exportarlos, bajo estrictas condiciones, a los que no podían producirlos. Ambas decisiones fueron recibidas con júbilo.

Las expectativas generadas por este aparente viraje de la OMC no se han visto satisfechas en absoluto. Diez años después parecen desvanecerse irremediablemente las posibilidades de cerrar con éxito una Ronda que debería haberse clausurado a finales de 2005 y que desde entonces no hace sino agonizar. Inmensa la energía depositada por el Director General, Pascal Lamy, que convirtió el cierre exitoso de la Ronda en un desafío personal. Difícil imaginar también las dimensiones de su frustración en este momento. Son muchos los factores que han impedido que se llegara a un acuerdo, pero se puede decir que los diferentes grupos de países en vías de desarrollo no han considerado que ha habido una respuesta adecuada a sus intereses y necesidades por parte de los países ricos.

Y en relación con las resoluciones relativas a los medicamentos, en la práctica han tenido una repercusión mucho menor de lo esperado sobre todo en lo que se refiere a los países realmente desfavorecidos. En algunos casos los medicamentos genéricos caducan en almacenes por la falta de capacidad de los países de destino para distribuirlos entre los enfermos. En lo que se refiere a la aplicación de la segunda decisión, sólo Canadá ha notificado un acuerdo con Ruanda para el suministro de genéricos.

La falta de solidaridad de los países ricos, sin embargo, no conoce límites, pues han tratado por todos los medios de asegurarse de que países con una industria farmacéutica potente se comprometieran a no fabricar genéricos para hacer frente a una crisis de salud pública dentro o fuera de sus fronteras. Son los llamados Acuerdos Plus, mediante los cuales las Partes se obligan a proteger la propiedad intelectual más allá de lo que les viene exigido por la propia OMC.

Estos acuerdos, como el que ahora se anuncia ente la Unión Europea e India (véase el artículo de Ana Gabriela Rojas en El Pais), son una prueba más de que los países poderosos están dispuestos a ignorar lo acordado en el marco multilateral para servir los intereses de una parte de su industria a través de acuerdos bilaterales. El coste en términos de salud pública a escala global es una variable que no está en la mente de los negociadores.
Contribuyen también al declive de la OMC las invitaciones recientes de importantes mandatarios a abandonar las negociaciones multilaterales para volver al bilateralismo, un marco en el que los más débiles están más desprotegidos.

Hemos llegado a un callejón sin salida. El intento de transformar la OMC para adaptarla a las necesidades e intereses de los países más desfavorecidos ha fracasado y esto ha debilitado fuertemente a la Organización, pero ésta sigue siendo necesaria para no volver a dinámicas y modelos puramente bilaterales en que los Estados más fuertes pueden imponer más fácilmente sus condiciones. Los acuerdos plus son una buena noticia para las todopoderosas farmacéuticas, pero tendrán graves repercusiones para la salud pública global.

NOTA: Por cierto, sobre el futuro de la OMC,  muy interesante y recomendable el último libro de Andrew Lang, “World Trade Law alter Neoliberalism: reimagining the global economic order”.  

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